domingo, 8 de marzo de 2009

La juventud es levadura moral de los pueblos

“Cada generación anuncia una aurora nueva, la arranca de la sombra, la enciende en su anhelar inquieto. Si mira alto y lejos, es fuerza creadora. Aunque no alcance a cosechar los frutos de su siembra, tiene segura recompensa en la sanción de la posteridad. La antorcha lucífera no se apaga nunca, cambia de manos. Cada generación abre las alas donde las ha cerrado la anterior, para volar más lejos, siempre más. Cuando una generación la cierra en el presente, no es juventud: sufre de senilidad precoz. Cuando vuela hacia el pasado, está agonizando, peor, ha nacido muerta.

Los hombres que no han tenido juventud, piensan en el pasado y viven en el presente, persiguiendo las satisfacciones inmediatas que son el premio de la domesticidad. Débiles por pereza o miedosos por ignorancia, medran con paciencia ero sin alegría. Tristes, resignados, escépticos, acatan como una fatalidad el mal que los rodea, aprovechándolo si pueden. De seres sin ideales ninguna grandeza esperan los pueblos.”

“Una Ilustrada minoría de la nueva generación cree que los pueblos de nuestra América Latina están predestinados a confederarse en una misma nacionalidad continental. Lo afirma solemnemente y parece dispuesta a tentar la vía, creyendo que si no llegara a cumplirse tal destino sería inevitable su colonización por el poderoso imperialismo que desde ha cien años acecha.”

“Las Fuerzas Morales” (Buenos Aires, año 1925)

José Ingenieros

viernes, 27 de febrero de 2009

Los Nadies.

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan
los nadies con salir de pobres, que algún mágico día
llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros
la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni
hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo
la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y
aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el
pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la
liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la
crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los
mata.

La cultura del terror/2.

La extorsión,
el insulto,
la amenaza,
el coscorrón,
la bofetada,
la paliza,
el azote,
el cuarto oscuro,
la ducha helada,
el ayuno obligatorio,
la comida obligatoria,
la prohibición de salir,
la prohibición de decir lo que se piensa,
la prohibición de hacer lo que se siente
y la humillación pública
son algunos de los métodos de penitencia y tortura tradicionales
en la vida de familia. Para castigo de la desobediencia
y escarmiento de la libertad, la tradición familiar
perpetúa una cultura del terror que humilla a la
mujer, enseña a los hijos a mentir y contagia la peste del
miedo.
- Los derechos humanos tendrían que empezar por casa
- me comenta, en Chile, Andrés Domínguez.

Frases -Estado y Globalización-.

“En el cabaret de la globalización, el Estado realiza un strip-tease y al final de la función sólo le queda lo mínimo: el poder de la represión. Destruida su base material, anuladas su soberanía e independencia, borrada la clase política, el Estado nacional se convierte en un mero servicio de seguridad de las megaempresas...
Los nuevos amos del mundo no necesitan gobernar en forma directa. Los gobiernos nacionales están encargados de administrar los asuntos en su nombre.”


Subcomandante Marcos

jueves, 26 de febrero de 2009

Ciudadanía y Derecho.


El mundo unipolar en que vivimos, se encarga, a través de los aparatos estatales y las agencias de noticias –principales exponentes de este sistema socio económico-, de mostrarnos que existe sólo un modelo de Estado posible, y consecuentemente un tipo de ciudadanía.

La ciudadanía “liberal”, se erige básicamente sobre un discurso eufemístico, en donde palabras como “libertad” e “igualdad” –por qué no “fraternidad”- aparecen repetidas casi automáticamente, sin que nosotros, en nuestro rol de ciudadanos, nos planteemos la veracidad –o efectividad- de dichos postulados que a priori parecería que poseen un poder de seducción implacable.

La primera pregunta que surge entonces es la siguiente: ¿Quiénes gozan realmente –en su cabal dimensión- de los beneficios de una ciudadanía que como menciono en el párrafo anterior, se jacta de ser la que otorga “libertad” a los miembros de una sociedad? A dicha pregunta, sigue ineludiblemente otra, referida ésta a la “igualdad”. ¿Existe realmente la igualdad de oportunidades? ¿Es el “Sueño Americano” una constante en la vida de las personas, o es sólo una excepción que el sistema necesita para legitimarse?

Ahora bien, en primer término considero que en un mundo con lo niveles de exclusión social como en el que vivimos, con la pauperización constante de importantes sectores de la población y con una polarización social cada vez más marcada –estamos hablando de una pésima distribución de la riqueza- se torna casi imposible hablar y esbozar con firmeza los preceptos liberales. La ciudadanía “asistida” como la define Bustelo, es entonces, la que mejor se ciñe a nuestra realidad contemporánea. Ésta, resulta consecuente con los sectores más conservadores en lo que al modelo socio-económico respecta, y se trata de un modelo en que la ciudadanía es concebida como de naturaleza civil, en la que los derechos políticos se reducen a “elegir y ser elegido” y en donde obviamente, los derechos sociales no son exigibles.

Como contrapartida, y continuando con las ideas del autor citado, podemos encontrar dentro de su elaboración teórica, a la ciudadanía “emancipada”, que es en pocas palabras, un modelo de ciudadanía socialmente inclusiva; en la que los postulados sociales no son meras declaraciones legislativas –o expresiones de deseo-, sino que por el contrario, los ciudadanos cuentan con los medios para llevar adelante el estilo de vida propuesto por cada sociedad, sin sufrir permanentes vejaciones a sus derechos.

Terminando con este esbozo, considero muy importante tratar los temas “Ciudadanía y Estado” ya que, conocerlos, nos dará las herramientas teóricas indispensables en la lucha que hemos emprendido, tendiente a que a cada individuo, se le reconozcan – ¡y se efectivicen!- todos y cada uno de los derechos que le permitan llevar adelante una vida digna, conforme a los estándares sociales.



Dice Bustelo en torno a la pobreza y la ciudadanía:


"… pobres no son sólo aquellas víctimas, de una u otra forma, de una mala distribución de ingresos y de la riqueza, sino también son aquéllos que sus recursos materiales e inmateriales no les permiten cumplir con las demandas y hábitos sociales que como ciudadanos se les exige. Por eso la pobreza es sobre todo, pobreza de ciudadanía. La pobreza de ciudadanía es aquella situación en la que las personas no pueden obtener las condiciones de vida –material e inmaterial- que les permita desempeñar roles, participar plenamente en la vida económica, política y social y entender los códigos culturales para integrarse como miembros de una sociedad. La pobreza de ciudadanía es no pertenecer a una comunidad en calidad de miembros plenos, y esto es, la exclusión social".



Jerónimo Guerrero Iraola.